Como viaje de estudio fui con mi curso al sur de Chile, pero una semana antes de partir, terminé con mi pololo (que es uno de mis compañeros) porque me puso el gorro con una “ene ene” de la que prefiero no hablar. Estaba picadísima así que le pedí a mis amigas que NO me hablaran de él en todo el viaje. Así lo hicimos, y aprovechamos cada minuto al máximo. Una tarde, después de caminar por todos lados y sacar mil fotos, entramos a una cafetería y cuando estábamos en la barra, apareció mi ex con cara de arrepentido. Como no lo quería pescar, me hice la que estaba hablando por teléfono (feliz por mi acto de indiferencia). El oso fue que justo en ese momento alguien me llamó y empezó a sonar un ringtone demasiado ridículo. Todos se dieron cuenta de mi ñoñez, mientras yo quería ¡desaparecer para siempre!
Estaba chateando con un amigo y empezamos a jugar “verdad o castigo” así que aproveché de preguntarle quién le gustaba. Como dijo “tú”, agarré papa y le dije que él también me gustaba, pero casi me muero cuando el muy pelota respondió: “Hey, sólo te estaba preguntando ¿a quién crees que le gustas tú?”. Fue un “oso” mundial
Ese día almorcé arroz con carne. El dato daría lo mismo si no fuera por un “pequeño” gran detalle: a la hora del té estaba con mi pololo en la plaza y sin querer estornudé como dinosaurio con alergia... El Oso fue que ¡se me escapó un grano de arroz por la nariz! Trágame tierra.
Fui al supermercado con mis zapatillas con ruedas y para hacerme la seca, empecé a patinar por los pasillos y todo iba bien hasta que a mi hermano chico se le ocurrió empujarme arriba de un tipo 100% wuachón. Sólo quería que me tragara la tierra.




























